La entrevista no fue una experiencia positiva para mí. El entrevistador mantuvo un tono muy formal y rígido, lo que creó un ambiente incómodo y poco acogedor. Sentí que no hubo oportunidad para una conversación más fluida o para mostrar mi personalidad de manera adecuada.
Las preguntas fueron directas y pertinentes, pero la falta de amabilidad y empatía por parte del entrevistador hizo que fuera difícil sentirme cómodo durante la entrevista. Esto afectó mi capacidad para presentar mis habilidades y experiencias de la mejor manera posible.
Además, la falta de interacción personal y la rigidez del proceso me dejaron con una impresión negativa sobre la cultura de la empresa. Aunque entiendo la importancia de la profesionalidad, una actitud más amigable y abierta hubiera mejorado significativamente la experiencia.
En resumen, la entrevista no cumplió con mis expectativas y me dejó dudas sobre si esta es la empresa adecuada para mí.